El mundo anterior a la reforma
En 1517 el Papa León X decidió erigir la Basílica de San Pedro y para cubrir
los gastos impuso las llamadas indulgencias, que consistían en un
mecanismo mediante el cual el Papa entregaba al creyente, a través de un
documento, gracia y perdón de sus pecados, y a cambio de esto, el católico
pagaba una cantidad de dinero determinada.
En 1517 Lutero pone en discusión en la capilla de
Wittemberg la validez de las indulgencias, concluyendo que era ilegítima su
venta.
Lutero predica una iglesia pobre y señala que el
Estado, como representante del pueblo, se hará cargo de las riquezas de la
Iglesia y serán los campesinos quienes ocupen las tierras de obispados y
abadías.
Juan Calvino, en Ginebra, se convirtió en el más intransigente de los
luteranos, creando el calvinismo, que perseguía a todos aquellos que no
compartieran sus ideas. El calvinismo se caracterizó, fundamentalmente, por
sostener la predestinación.
Contrarreforma
Como respuesta a la división de la Iglesia en todo
el Norte de Europa, la Iglesia Católica comenzó un período de ajuste a los
nuevos tiempos.
Los cristianos que no aceptaron la reforma
luterana, no abandonaron la idea de reformar la Iglesia, motivo por el cual se
reunieron en Trento, en mayo de 1545, convocados por el Papa Paulo III.
En Trento se señala a la Biblia como texto único y oficial de la
Iglesia, se concretan y definen los Sacramentos y se organizan obispados y
parroquias, así como los centros de formación para los futuros sacerdotes,
llamados seminarios.
Las concepciones que se fijaron en Trento en el siglo XVI fueron la
concreción de los intentos contrarreformistas católicos que lucharon por
impedir el avance del protestantismo.
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